(el juglar canta:)"vuelve a nevar,
el invierno vuelve a vacilar,
y nos saluda manchando de blanco,
y los negros se vuelven más negros,
los árboles, el suelo, los bancos,
todos blancos,
los niños se alegran, juegan
los padres se preocupan: no cojáis los coches
que ya sabéis lo que hiela por la noche.
Las madres preparan los guantes, las botas,
los gorros y 100 capas de abrigos,
mírales, parecen saquitos"

Un niño le mira atento, escucha bien su recital, con ojos muy abiertos, se acerca con miedo, nunca se había acercado a un juglar, algo mágico parecía en él.
-¿Tú cómo sabes todo eso?- le pregunta el chaval,
-yo desde mi casa lo observo- Contesta él con mirada maga.
-¿Y qué hace el que no tiene casa?
Al juglar le hizo gracia la pregunta, no pudo evitar una sonrisa y dijo:
-Sólo tiemblan, yo pienso en ellos.
-y ellos ¿en qué piensan?
-Sólo tiemblan. Unos mueren de frío se tensan.
-¿Y los otros?
-Se compadecen de sus compañeros, reflexionan sobre los fuegos, sueñan con chimeneas beben cafés calientes...
-¿Sí?- el niño parecía no querer dejar de preguntar jamás.
-Sí-contesta el juglar paciente- los cafés calientes que se reparten en la solidaria navidad.
-Soli... ¿qué?
-Es gracioso, en Navidad la gente parece muy buena y se acuerdan de los pobres, reparten mantas, cafés calientes, eso es solidaridad, falsa solidaridad.
-Prefiero esa so-li-da-ri-dad que no hacer nada
-¡chico listo! ¿no crees que es mejor el calor que da un abrazo que una triste manta y un café?
El niño no contestaba, parecía encantado con ese ser humano ¡estaba seguro que la magia existe! pensaba él, estaba consternado, encantado y conmovido. Envuelto en esa magia que desprendía aquel personaje.
-venga-dijo el juglar-dame un abrazo y vete a casa que empieza a nevar otra vez.
Y al cabo de dos horas vemos de nuevo al juglar en el mismo lugar en que conoció al curioso niño, con un café y una manta... sabía que jamás se olvidaría de aquel abrazo.